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The cognitive and social dynamics of social correction of misinformation: a scoping review
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Gancho
Corregir desinformación en redes sociales es más complejo de lo que imaginas
Cita APA7
Vithanage, Sameera., Ransom, Keith., Mendoza, Antonette., & Karunasekera, Shanika. (2026). The cognitive and social dynamics of social correction of misinformation: a scoping review. *Behaviour & Information Technology*, 1–20. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2651115
Resumen divulgativo
Un nuevo estudio revela que corregir información falsa en las redes sociales no es tan simple como presentar datos verdaderos. Los investigadores analizaron cómo funcionan realmente las correcciones cuando las personas interactúan en línea y descubrieron que intervienen factores psicológicos y sociales complejos. La efectividad de una corrección depende no solo de qué tan precisa sea la información, sino también de quién la comparte, cómo se presenta y el contexto social en el que ocurre. Por ejemplo, las personas tienden a aceptar más las correcciones que vienen de fuentes en las que confían o que pertenecen a su mismo grupo social. Además, la forma en que se estructura el mensaje de corrección y el momento en que se presenta también influyen en si será aceptado o rechazado. Este hallazgo tiene implicaciones importantes para combatir las noticias falsas de manera más efectiva.
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¿Por qué algunos intentos de corregir información falsa fracasan mientras otros tienen éxito? Una nueva investigación sobre la corrección social de desinformación nos da pistas importantes. El estudio revela que cuando corregimos información falsa en redes sociales, no basta con presentar datos correctos: importa quién corrige, cómo lo hace y en qué contexto. Los hallazgos muestran que las correcciones son más efectivas cuando provienen de fuentes creíbles, se presentan de manera empática (no confrontacional) y consideran las creencias previas del receptor. También descubrieron que el timing es crucial: las correcciones tempranas tienen mayor impacto que las tardías. Para profesionales en comunicación, marketing y gestión de crisis, esto significa que nuestras estrategias anti-desinformación deben ser más sofisticadas. No se trata solo de fact-checking, sino de entender la psicología social detrás de cómo las personas procesan y aceptan correcciones. ¿Qué estrategias has observado que funcionen mejor para corregir información incorrecta en tu sector?
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**La ciencia detrás de corregir la desinformación: por qué los hechos no siempre bastan** En la era digital, todos hemos sido testigos de información falsa extendiéndose como pólvora por las redes sociales. Instintivamente, muchos intentamos corregirla compartiendo datos precisos, pero ¿alguna vez te has preguntado por qué a veces estas correcciones funcionan y otras veces parecen caer en oídos sordos? Un reciente estudio científico ha investigado precisamente este fenómeno, analizando las dinámicas cognitivas y sociales que intervienen cuando las personas intentan corregir información falsa en entornos digitales. Los resultados son reveladores y desafían nuestras asunciones sobre cómo combatir eficazmente la desinformación. **Más allá de los datos: el factor humano** La investigación demuestra que la corrección efectiva de información falsa no depende únicamente de la precisión de los datos presentados. Intervienen múltiples factores psicológicos y sociales que determinan si una corrección será aceptada o rechazada. Primero, la credibilidad de la fuente es fundamental. Las personas tienden a aceptar correcciones que provienen de individuos o instituciones en las que confían, especialmente si pertenecen a su mismo grupo social o comparten valores similares. Esto explica por qué un mensaje idéntico puede tener recepciones completamente diferentes según quién lo comparta. Segundo, la forma importa tanto como el contenido. Las correcciones presentadas de manera empática y no confrontacional tienen mayor probabilidad de ser aceptadas que aquellas que atacan directamente las creencias de la persona. El tono condescendiente o agresivo puede activar mecanismos defensivos que refuerzan, paradójicamente, la creencia en la información incorrecta. **Implicaciones prácticas** Estos hallazgos tienen consecuencias importantes para educadores, comunicadores y cualquier persona interesada en combatir la desinformación de manera efectiva. Sugieren que necesitamos estrategias más sofisticadas que consideren no solo qué corregimos, sino cómo y cuándo lo hacemos, adaptándonos al contexto social y a las características de nuestra audiencia.
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