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Combining intergroup contact and outgroup embodiment in virtual reality: An exploratory test of backfire and secondary transfer effects of outgroup embodiment
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Gancho
¿Puede ponerte en la piel de otro cambiar tus prejuicios para siempre?
Cita APA7
Tassinari, Matilde., Oyanagi, Akimi., & Amemiya, Tomohiro. (2026). Combining intergroup contact and outgroup embodiment in virtual reality: An exploratory test of backfire and secondary transfer effects of outgroup embodiment. *Computers in Human Behavior*, 185, 109094. https://doi.org/10.1016/j.chb.2026.109094
Resumen divulgativo
La realidad virtual permite algo que parecía imposible: habitar el cuerpo de otra persona y ver el mundo desde sus ojos. Investigadores han explorado si esta experiencia, combinada con el contacto entre grupos sociales distintos, puede reducir los prejuicios hacia personas de otros colectivos. El estudio analiza dos fenómenos sorprendentes: el "efecto boomerang", por el que la intervención puede aumentar los prejuicios en lugar de reducirlos, y el "efecto de transferencia secundaria", mediante el cual la empatía generada hacia un grupo concreto se extiende a otros colectivos. Los resultados apuntan a que la tecnología inmersiva tiene un potencial real para fomentar la empatía, aunque no siempre funciona como esperamos y puede producir efectos inesperados que conviene estudiar con cuidado.
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¿Puede la realidad virtual hacernos más empáticos con quienes son diferentes a nosotros? Un nuevo estudio publicado en *Computers in Human Behavior* explora una pregunta fascinante: ¿qué ocurre cuando combinamos el contacto intergrupal con la experiencia de "habitar" virtualmente el cuerpo de una persona de otro colectivo? Los investigadores analizaron dos efectos clave. Primero, el llamado "efecto boomerang": en lugar de reducir prejuicios, la intervención puede reforzarlos en algunos participantes, un fenómeno que cualquier profesional de la diversidad e inclusión debería conocer. Segundo, el "efecto de transferencia secundaria": la empatía generada hacia un grupo específico puede extenderse espontáneamente hacia otros colectivos, amplificando el impacto de la intervención. Este trabajo tiene implicaciones directas para quienes diseñan programas de formación en diversidad, políticas de cohesión social o experiencias educativas inmersivas. La tecnología no es neutra: su diseño determina si construimos puentes o, sin quererlo, levantamos nuevas barreras. La realidad virtual es una herramienta poderosa. Usarla bien requiere rigor, evidencia y humildad ante sus efectos no previstos. ¿Tu organización ya está explorando este tipo de tecnologías para la formación en empatía y diversidad?
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Ponerse en la piel del otro: lo que la realidad virtual nos enseña sobre los prejuicios Durante décadas, psicólogos sociales han estudiado cómo el contacto entre personas de distintos grupos —diferentes culturas, etnias o identidades— puede reducir los prejuicios. La idea es intuitiva: conocer al "otro" nos hace más comprensivos. Pero el contacto real no siempre es posible, y cuando ocurre, no siempre produce los efectos esperados. La realidad virtual ha llegado como una promesa tecnológica: ¿podría simular ese contacto y, más aún, permitirnos literalmente habitar el cuerpo de alguien diferente a nosotros? Eso es exactamente lo que investiga un nuevo estudio publicado en *Computers in Human Behavior*. El equipo, liderado por Matilde Tassinari y sus colegas, combinó dos estrategias: el contacto intergrupal virtual y la "encarnación del exogrupo", es decir, la experiencia inmersiva de ver el mundo desde el cuerpo de una persona perteneciente a un colectivo distinto al propio. La pregunta no era solo si esto funciona, sino también cuándo falla y qué efectos secundarios puede producir. Los hallazgos más llamativos giran en torno a dos fenómenos. El primero es el denominado "efecto boomerang" o backfire effect: en determinadas condiciones, la intervención no reduce los prejuicios, sino que los aumenta. Esto puede ocurrir cuando la experiencia resulta incómoda, amenazante o percibida como artificial, generando una reacción defensiva en el participante. Es un recordatorio importante de que las buenas intenciones tecnológicas no garantizan buenos resultados. El segundo fenómeno es más alentador: el "efecto de transferencia secundaria". Cuando la empatía hacia un grupo concreto crece gracias a la intervención, esa actitud positiva puede extenderse hacia otros grupos con los que el participante no ha tenido ningún contacto directo. En otras palabras, aprender a ponerse en la piel de una persona puede abrir una puerta más amplia hacia la comprensión de la diferencia en general. Estos resultados tienen una relevancia práctica considerable. En un mundo donde la realidad virtual se usa cada vez más en formación corporativa, educación y diseño de políticas públicas, entender sus límites es tan importante como celebrar sus posibilidades. No basta con crear una experiencia inmersiva y esperar que la empatía florezca automáticamente. El diseño de la intervención, el contexto en que se aplica y el perfil de los participantes pueden marcar la diferencia entre construir puentes o reforzar muros. La ciencia avanza, y con ella nuestra capacidad de usar la tecnología de forma más inteligente y responsable. Este estudio es un paso exploratorio, pero apunta en una dirección que merece atención: la realidad virtual puede ser una herramienta poderosa para el cambio social, siempre que la usemos con rigor y con los ojos bien abiertos ante sus efectos imprevistos.
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