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The revised extended iSelf: Disentangling the effects of smartphone position and ringing on cognitive performance and psychophysiological parameters.
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Gancho
¿Tu móvil te distrae aunque no lo mires? La ciencia tiene una respuesta sorprendente.
Cita APA7
Manara, Claudia.Virginia., Sors, Fabrizio., Pileggi, Stefano., Montesano, Cristina., Colomba, Maria., & Murgia, Mauro. (2026). The revised extended iSelf: Disentangling the effects of smartphone position and ringing on cognitive performance and psychophysiological parameters.. *Technology, Mind, and Behavior*, 7(3), 220–231. https://doi.org/10.1037/tmb0000196
Resumen divulgativo
Durante años se ha creído que tener el móvil lejos de nosotros, especialmente si está sonando, perjudica nuestra concentración y nos genera estrés. Esta idea se apoya en la teoría del "yo extendido", que sugiere que sentimos nuestros objetos personales como parte de nuestra identidad. Sin embargo, un nuevo estudio con 70 participantes pone en duda esta creencia: ni la posición del teléfono (cerca o lejos) ni el hecho de que sonara afectaron de forma consistente al rendimiento cognitivo. Solo se detectó una leve respuesta de activación corporal ante el sonido del móvil. Los investigadores proponen que quizás ya nos hemos acostumbrado tanto a estar permanentemente conectados que nuestro cerebro ha aprendido a ignorar estas interrupciones.
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¿Realmente te distrae el móvil aunque no lo toques? Durante años, investigadores y gurús de la productividad han advertido que tener el smartphone sobre la mesa —o peor, en otra habitación sonando— reduce nuestra capacidad cognitiva. Esta idea tiene incluso un respaldo teórico: la llamada teoría del "yo extendido", que plantea que percibimos nuestras posesiones como parte de nuestra identidad, y separarnos de ellas nos genera estrés. Un nuevo estudio publicado en *Technology, Mind, and Behavior* decidió poner esto a prueba de forma rigurosa, separando dos variables: la posición del móvil (cerca o lejos) y si estaba sonando o no. El resultado fue llamativo: ninguna de estas condiciones afectó de manera significativa al rendimiento en tareas cognitivas. Solo hubo una ligera activación fisiológica ante el sonido del teléfono. La conclusión que proponen los autores es relevante para cualquier profesional: puede que nos hayamos habituado tanto a la conectividad constante que nuestro cerebro ya no percibe el móvil como una amenaza para el foco. ¿Significa esto que podemos relajarnos con el uso del móvil en el trabajo? No exactamente, pero sí invita a revisar con evidencia nuestras políticas de desconexión digital.
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El móvil que no distrae: cuando la ciencia contradice la intuición Vivimos en una época en la que desconectarse del teléfono móvil se ha convertido casi en una declaración de principios. Abundan los consejos para trabajar mejor: pon el móvil en silencio, déjalo en otra habitación, no lo pongas sobre la mesa. Parte de este discurso tiene una base científica real, pero un nuevo estudio invita a matizarlo considerablemente. **La teoría detrás del miedo al móvil lejano** El punto de partida de esta investigación es la llamada teoría del "yo extendido", desarrollada por el psicólogo Russell Belk. Según esta idea, las personas incorporamos ciertos objetos personales —como el teléfono móvil— a nuestra identidad. Cuando ese objeto se aleja, sentimos algo parecido a una pérdida parcial de nosotros mismos, lo que puede traducirse en ansiedad y pérdida de concentración. Estudios anteriores habían encontrado evidencias en esta dirección: cuando el móvil estaba lejos y sonaba, el rendimiento cognitivo bajaba y la activación fisiológica subía. El problema es que esos estudios mezclaban dos variables distintas —la distancia y el sonido— sin separarlas. ¿Qué pasa si las analizamos por separado? **El experimento** Eso es exactamente lo que hizo este equipo de investigadores. Con 70 participantes, diseñaron una prueba en la que unos tenían el móvil cerca y otros lejos, y todos completaban puzzles de búsqueda de palabras antes y después de que el teléfono sonara. Mientras tanto, se registraban distintas respuestas fisiológicas del cuerpo, como la actividad eléctrica de la piel, un indicador clásico de activación emocional o estrés. Los resultados fueron sorprendentes: ni la posición del móvil ni el hecho de que sonara influyeron de manera significativa en el rendimiento cognitivo. El único efecto detectado fue una ligera respuesta corporal ante el sonido, pero no fue consistente entre los distintos parámetros medidos. Tampoco encontraron diferencias en cómo los participantes percibían el móvil como parte de su identidad según lo tuvieran cerca o lejos. **¿Nos hemos acostumbrado a todo?** Los investigadores plantean una hipótesis que vale la pena tomar en serio: quizás los usuarios actuales ya están tan habituados a la conectividad permanente que su cerebro ha dejado de responder al móvil como a una amenaza o una interrupción relevante. Dicho de otra forma, la exposición constante podría haber generado una especie de inmunidad cognitiva. Esto no significa que el móvil no pueda distraernos en absoluto —la evidencia en ese sentido es amplia—, pero sí sugiere que el efecto podría ser más complejo, más contextual y más dependiente del individuo de lo que se pensaba. La ciencia rara vez confirma los titulares de forma sencilla, y este caso es un buen ejemplo de ello.
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